Gabriela Collado

Terapeuta Holística. Maestra Espiritual. Coach en Relaciones. Terapia PNL. Transgeneracional. Biodescodificación. Risoterapia. Reiki Master. Terapia Metamórfica. Registros Akashicos. Tarot Evolutivo. Canalizaciones. Terapias y Talleres Vivenciales (Presenciales y On Line). Conferencista. Seminarios Motivacionales.

sábado, 29 de marzo de 2014

De Calipso a Penélope


De Calipso a Penélope está el camino entre la necesidad de poseer al otro a través argucias por el temor a perderlo, y la fe y la confianza de que al amor verdadero no hace falta retenerlo sino tejerlo en nuestra propia vida.
Tejer una red de amor, no para el otro, sino para el amor mismo, para que pueda entrar en nuestra vida. El miedo sólo puede tejer un nido de ratas y nadie querría regresar allí.
Hemos creado un mundo absurdo en torno al "amor" o a aquello que llamamos "amor" y desde el miedo no podrá haber encuentro nunca. Alguno tendrá que permitir que el amor se cuele y haga su trabajo. 
Deja de temer entonces como Calipso y confía en el orden mayor como Penélope.
Para tejer el amor se necesita tiempo, paciencia, constancia y confianza. 
Si te enfadas es porque temes, si temes es porque no confías y si no confías es porque no estás vibrando en amor.
La tela de Penélope simboliza la fe y la confianza, y también el amor que es el que mantiene estas dos cualidades.
He aquí ambas historias, elije quién quieres ser.

Calipso

En la mitología griega, Calipso (en griego Καλυψώ, ‘la que oculta’) era, según la Odisea, una hija del titán Atlas que reinaba en la hermosa isla de Ogigia. En la Titanomaquia, cuando los titanes perdieron la guerra, los Olímpicos castigaron a Calipso, por ser hija de Atlas, enviándola a Ogigia. Se dice que cada milenio los dioses le mandaban un héroe para que ella se enamorara, pero que luego, el destino, obligaría a Calipso a dejarlo marchar.
Cuando Odiseo, que se hallaba a la deriva tras naufragar su barco, llegó a esta isla, Calipso lo hospedó en su cueva, y le agasajó con manjares, bebida y su propio lecho. Lo retuvo así durante siete largos años, y tuvo de él dos hijos: Nausítoo y Nausínoo. Calipso intentó que Odiseo olvidara su vida anterior, y le ofreció la inmortalidad y la juventud eterna si se quedaba con ella en Ogigia. Pero el héroe se cansó pronto de sus agasajos, y empezó a añorar a su mujer: Penélope.
Viendo esta situación, Atenea intervino y pidió a Zeus que mandase a Calipso que dejara marchar a Odiseo. Zeus envió a su mensajero Hermes, y Calipso, viendo que no tenía más opción que obedecer, dio a Odiseo materiales y víveres para que se construyera una balsa y continuara su viaje. Odiseo se despidió de ella, no sin cierto recelo por si se tratara de una trampa, y zarpó. Algunas leyendas cuentan que Calipso terminó muriendo de pena.

Odiseo y Penélope

Ὀδυσσεὺς en griego, Vlixes en latín, hijo de Leartes y Anticlea, fue el rey de Ítaca. Se casó con la bella Penélope, hija del rey Icario, con la que tuvo un hijo, Telémaco.
Cuando Leartes, su padre, le cede su reino con todas sus riquezas, Odiseo reconstruye el reino y adquiere fama de hospitalidad, fuerza y riqueza. Pero su felicidad dura poco tiempo, ya que es llamado a combatir en la Guerra de Troya. Durante ésta, Odiseo prestó sus servicios a Agamenón, aunque en un principio no quería acudir a la contienda ya que un oráculo le había revelado que le alejaría por muchos años de su esposa y su hijo recién nacido.
La amarga separación de Odiseo y Penélope no sería breve, ya que tras la Guerra de Troya, en la que el héroe destacó por su valor y dotes de consejero prudente y eficaz, una tempestad alejó su flota del camino a casa y sufrió la irá de Poseidón por dejar ciego a su hijo Polifemo.
Tras diez años de larga travesía, afrontando numerosas y diversas dificultades, entre las que no faltaron las solicitudes de bellas mujeres como Circe y Calipso,  para que Odiseo olvidara a su amada esposa, viviendo una cómoda vida llena de placeres, el héroe no cesó en su empeño de regresar a su patria y reunirse nuevamente con su familia.
Por fin, veinte años después de su marcha Odiseo consiguió alcanzar su sueño de volver a casa. No obstante, había pasado mucho tiempo sin que Ítaca tuviera noticias de su rey y sin que Odiseo tuviese noticias de su patria, por lo que el héroe desconocía si aún tenía palacio y si su esposa había conseguido permanecerle fiel.
La larga ausencia de Odiseo había sido una gran prueba de fe para quienes quedaron en Ítaca, su madre no consiguió superar la pena de su marcha, muriendo a poco de marchar a la guerra, su padre se había retirado al campo, alejándose del palacio y su esposa, ¿qué paso con Penélope?
Cuando la ausencia de Odiseo comenzó a prolongarse, la bella reina comenzó a recibir constantes e insistentes solicitudes de matrimonio. No obstante, Penélope rechazó sistemáticamente toda solicitud de matrimonio, manteniendo la esperanza de que su marido, como le había prometido, volvería a su lado.
Los pretendientes se instalaron en el palacio, gastando los recursos de la bella Penélope, que se quejaba amargamente sin que nadie escuchara su opinión, si no era la de elegir pretendiente. Finalmente Penélope, ideó un plan para aplacar a los indeseados inquilinos de palacio. Les dijo que elegiría pretendiente cuando terminara de tejer la mortaja de Leartes, pero cada noche deshacía lo que bordaba durante el día. Pero, tras tres años
siguiendo esta rutina, una criada delató a la dulce Penélope y el plazo permitido por los pretendientes terminó abruptamente.
Quiso la fortuna que Odiseo llegase oportunamente a su patria, pero no marchó directamente a Palacio, sino que buscó a uno de sus hombres de confianza, Eumeo, quien se hallaba en compañía de Telémaco. Padre e hijo se conocieron por fin y marcharon juntos a palacio, si bien, Odiseo se disfrazó de mendigo para no ser reconocido.
Penélope, enterada de la llegada de un mendigo extranjero, solicitó entrevistarse con él para tener noticias de su
amado, reuniéndose con él al anochecer. Mientras Odiseo le daba mensajes de esperanza a Penélope, sin revelarle quien es, Telémaco, según ordenes de su padre, escondía  todas las armas de palacio. La reina comunicó al “extranjero” que un sueño le dice que Odiseo llegaría pronto, pero que ya no estaba segura de ello y al día siguiente organizaría un concurso para otorgar su mano al vencedor.
Así, a la mañana siguiente Penélope se presentó ante los pretendientes con el arco que en su día le regaló Ífito a Odiseo y les comunicó su decisión de conceder su mano a quien consiguiera atravesar con una flecha unos anillos. Pero el problema que se encontraron los pretendientes es que eran incapaces de tensar el arco. Entonces, Odiseo pidió permiso para intentarlo y Penélope se lo concedió amablemente. Ante el asombro
de todos, el “mendigo extranjero” tensó el arco con facilidad y acertó con soltura en el blanco. Al momento, las puertas del palacio fueron cerradas, llegando Telémaco con fieles partidarios con armas y todos los pretendientes, que tanto habían abusado de la hospitalidad de su madre y de su casa, fueron asesinados, al igual que las criadas que no habían mostrado fidelidad a su señora.
Finalmente Odiseo le reveló a Penélope quien era, dándole pruebas de ello y la diosa Atenea, prolongó esa noche para que los esposos pudieran tener tiempo para contarse sus aventuras.
Si Odiseo es el ejemplo del guerrero astuto y dialogante, la perseverancia y amor incondicional de Penélope, la ha convertido en el símbolo de la fidelidad, ya que esperó a su marido durante los veinte años que duró su travesía, rechazando constantemente las solicitudes que le hubieran permitido vivir placenteramente en palacio.

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