Gabriela Collado

Terapeuta Holística. Maestra Espiritual. Coach en Relaciones. Terapia PNL. Transgeneracional. Biodescodificación. Risoterapia. Reiki Master. Terapia Metamórfica. Registros Akashicos. Tarot Evolutivo. Canalizaciones. Terapias y Talleres Vivenciales (Presenciales y On Line). Conferencista. Seminarios Motivacionales.

miércoles, 6 de julio de 2016

¿A dónde crees que vas?



Te has diferenciado a ti mismo, te has dividido de ti mismo, te has separado de tu ser Dios. Por eso no puedes huir de tí, del mismo modo que no puedes huir de Dios porque son lo mismo y porque esa separación es en verdad una ilusión.
Ves la separación pero no podrías deshacerte de ella ni aunque quisieras. Está en todo, lo Es todo. Nada hay fuera de Dios y nada hay fuera de ti.
El ojo de Dios es tu conciencia que todo lo ve. ¿Cómo esconderse de uno mismo?
Toda mentira, todo engaño es un intento de huída. ¿Cómo huir de uno mismo?
No rompes las cosas o intentas deshacerte de ellas para no verlas, lo haces para que no te vean ellas a ti, para que no te recuerden lo que eres.
Pero todo queda grabado aguardando su justo equilibrio y natural compensación (no la que tú le impones), tenderá a ella, la buscará con ahínco propiciando y disponiendo las mismas condiciones una y otra vez a fin de que sea saldado y el círculo cerrado.
No es una sentencia, es ley.
El equilibrio y lo que lo propicia es Amor y no, como muchas veces crees, lo que te libra de verte, lo que te anestesia y a lo que te haces adicto.
El apego es una adicción y la adicción un apego. Fugas vanas.
Amor es virtud de la luz y la luz ilumina.
La oscuridad, pues, no está en las cosas sino en tus ojos.

viernes, 22 de abril de 2016

El centro de vida

 
 
Sólo dentro ha de hallarse la verdad porque estás hecha de ella.
Eres la prueba misma de la verdad que buscas fuera.
Eres la manifestación de la unión de un principio femenino y un principio masculino y sostener ese equilibrio en ti te lleva a permanecer en la verdad que eres.
No separes la razón del corazón ni el corazón de la razón, que haya fluida comunicación entre ambos.
Demasiada frialdad congela tus actos, demasiado calor los consume.
La tibieza propicia la germinación de tus obras.

 
 

Desnutridos de amor




Los niños no crecidos son aquellos a los que les ha faltado el alimento emocional. Desnutridos de amor, permanecen en el reclamo.
Para crecer, más allá de la edad cronológica, han de aprender a darse ellos mismos ese amor. Amarse a sí mismos como nunca antes lo había hecho nadie.
Porque el único modo de recibir amor es dándolo.

Gabriela Collado

sábado, 26 de marzo de 2016

La belleza



 
Observa la belleza, mira cosas bellas, escucha cosas bellas y agradece; eso te ayudará a crear cosas bellas para ti y para otro.
Ten siempre cosas por las que agradecer porque esa es la verdadera oración, la que despierta la gracia.
¡Gracias!

Feliz sábado de Gloria...
 
Gabriela Collado

¡Confía en ti!


Qué contradictorios somos.
Cuando pensamos en ganar, no nos mostramos como somos.
Sin embargo, cuando nos mostramos como somos, es cuando ganamos.
¡Confía en ti!

Gabriela Collado

Cuando mi amiga se fue...

 
Hay quien necesita cerrar sus historias insultando o culpando al otro, proyectando sobre el otro su frustración, su falta de aceptación. Lo sé porque también estuve de ese lado hasta que comprendí que eso sólo podía hacerme daño a mi misma.
Cuando mi amiga dejó de hablarme sin motivo “aparente” no pensé que fuera por algo en contra mío, pensé que, probablemente, necesitaba tiempo para resolver ciertos aspectos de su vida, para poner sus cosas en claro.
Es verdad que mi primera reacción fue el enfado y que por un momento me erigí sobre mi derecho a saber qué sucedía; pero luego recordé su derecho; su derecho al silencio, su derecho a elegir en dónde estar y con quién.
Por eso no rompí su decisión, no la usé para insultarla, ni procuré hacer que sufriera por el abandono o el desprecio que me había ocasionado.
Tampoco usé la situación para pegarme (culparme) a mí misma. Estuve muy tentada pero me duró poco hasta que me dije a mí misma “¿Vas a pegarte tú por cómo es la gente? ¿Vas a pegarte con el mismo palo que ellos usan para pegarte? ¿Quién eres? ¿Acaso eres lo que los demás dicen que eres?”
Porque mi amiga no me abandonó ni me despreció, simplemente tomó sus decisiones.
Quizás me cueste comprenderla aunque eso no quita que la eche de menos.
Si yo ncesito cerrar nuestra historia, soy “yo” quién lo necesita, no puedo obligarla ni acosarla para que me de la respuesta y las explicaciones que sólo “yo” necesito.
Tal vez, si miro hacia atrás en nuestra historia compartida, halle las respuestas; tal vez ya me lo había dicho y no supe escucharla o tal vez, simplemente no pudo, no supo o no quiso hacerlo.
Como en la historia del alacrán, si siento que me ha picado y me ha dolido, la próxima vez tomaré mis recaudos. Pero tengo que saber que, si mi amiga regresa, inclusive bajo otro rostro, no se trata de que yo me cierre a compartir ni de que yo deje de ser quien soy (siempre y cuando ese quien soy no le haga daño al otro).
Tal vez el ideal sería tener una actitud clara. A veces intentamos ser amables en lugar de ser claros porque pensamos que eso puede herir al otro, entonces omitimos poner los límites saludables.
También puede suceder que seamos muy claros y el otro escuche lo que desee escuchar.
En cualquier caso, ni el insulto, ni la ofensa, ni culpar al otro son salidas válidas para mi vida.
Dijo San Agustín: “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos".
He sido insultada, culpada, ignorada, amenzada y criticada; también he tomado distancia en relaciones que después han vuelto fortalecidas. A otras les he dicho adiós para siempre por comprender que eso no era lo que yo deseaba para mi vida.
Pero está claro que de todas ellas yo sólo me quedo con aquello que decido hacer mío. Así que, en lugar de quedarme con el insulto, la culpa, la crítica, la amenaza o el ninguneo, elijo la fortaleza que todo ello me ha dado para seguir adelante, para aceptar que hay cosas que no puedo cambiar, para aprender que hay otras que sí y tener el coraje de hacerlo (pero siempre en mí misma).
Si hoy te molesta mi actitud fíjate que hay en ti de aquello que en mi rechazas, yo haré lo mismo con la tuya y ése será el regalo de nuestro encuentro.
Que te respete y comprenda no significa que deba permanecer a tu lado si el modo que has elegido para vivir a mí me hace daño.
Eso es amarme y, si no empiezo por ahí, no seré capaz de amarte.
Eres libre de quedarte o de marcharte pero, si permaneces en la puerta para pegarme, esa puerta será cerrada y habrás de quedarte frente a frente con tu espejo. Así que no pegues tan fuerte porque puede dolerte mucho.
Si decides amarte y conocerte a mi lado, serás bienvenido.
Tú eliges siempre, no olvides que yo también.

Gabriela Collado
 

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lunes, 14 de marzo de 2016

Me convierto en lo que pienso

 
 
Habla de lo que desees en abundancia. 
No hables de lo que no quieras en tu vida, simplemente ignóralo.
Existe una ley universal que observa que nos convertimos en aquello en lo que pensamos durante todo el día. Al nos detenernos a observar nuestros propios pensamientos nos dejamos bombardear constantemente por ellos.
Dijo el maestro Jesús "no es lo que entra por tu boca lo que habrá de hacerte daño sino lo que de ella sale"
Esto quiere decir que, cuando algo sale de mi boca, cuando lo pongo en palabras es porque he pensado en ello y, si he pensado en ello, es porque creo en ello y, si creo en ello, entonces le doy poder y logro que se manifieste en mi vida una y otra vez.
A este punto debemos comprender que la queja también es un pedido contante al cielo porque está poniéndose en palabras y, de ese modo, seguirá manifestándose.
Meditar es invitarnos a hacer silencio mental, a salir de ese barullo de pensamientos que nos abruma, pero es bien cierto que no nos resulta tan sencillo escapar a ese ruido con solamente sentarnos en silencio.
En este punto te invito, no a que dejes de pensar, sino a que observes ese flujo de pensamientos que atraviesan tu mente y a los que les das cabida, que intentes cambiar la dirección de dichos pensamientos y que reeduques a tu mente.
En lugar de enredarte en ellos y seguirlos hacia donde te lleven sólo obsérvalos sin juicio (sin pensar si esto es positivo, esto es negativo, esto es bueno, esto es malo, esto es agradable, esto desagradable...) y suéltalos, déjalos ir, córtalos en la mitad de su argumentación.
Se trata de que te conviertas tú en maestro de tu mente y la dirijas hacia tu objetivo y no que siga siendo ella la que dirija tu vida sin sentido ni coherencia.
¿Qué deseas en abundancia?
¿En qué piensas en abundancia?
Tú eliges.

jueves, 10 de marzo de 2016

Permítete vivir sin límites

 
 
Deja de culparte.
Sólo tu eres capaz de hacerte LIBRE.
Vive, se te ha dicho, no necesitas permiso para hacerlo, nunca lo has necesitado, así que date tú el permiso de vivir sin juzgarte.
Juicio es limitación, no te limites.
Has sido severa/o contigo misma/o, ahora es el tiempo del amor, de florecer a lo que en verdad eres.
Nadie te lo da, nadie debe permitírtelo porque no hay nadie más que tú creando esta experiencia.
Suéltate, baila, juega. No importa lo que hagas porque lo que eres está presente en cada cosa que haces.
Si sientes que no estás dando lo suficiente tal vez sea porque no te estás dando (permitiendo) recibir lo “¿suficiente?”
No cuantifiques porque eso es límite. Decir “hasta aquí” o “hasta allí”.
Si puedes dar sin medida también debes poder recibir sin medida.
¡Cree en ello!
El Universo no tiene límites, es infinito y lo es por su constante transformación.
Transformación es vida.
No temas los cambios, entonces te volverás ilimitada/o.
Los límites son para definirte pero tu no necesitas definirte porque ya eres. Eres el TODO que te contiene. Eres conciencia de Dios viviendo una experiencia de conciencia humana.

lunes, 29 de febrero de 2016

Aceptar

 
 
Es tan relajante saber que no tienes nada que cambiar, ningún lugar al que llegar.
Aceptar como uno es, como las cosas son, es un término mucho más amplio que “conformarse”.
Aceptar no es conformarse o resignarse. Aceptar es, en primer lugar, dejar de querer que algo sea como no es, dejar de resistirse a una verdad que tenemos frente a nuestros ojos (internos y externos).
Cada vez que aceptamos lo que es dejamos de luchar. Esa es la lucha interna que nos comporta sufrimiento: no aceptar lo que es.
Esa resistencia es como querer escapar de uno mismo. Eso hacemos cuando no nos amamos, huir de nosotros mismos, rechazarnos, abandonarnos, no aceptarnos. Por eso miramos hacia afuera en lugar de mirar dentro, por eso nos medimos con los demás comparándonos, creyendo que somos en la medida en que nos reconocen y también en la que nos juzgan (para bien y para mal). Necesitamos existir para el otro porque no estamos existiendo para nosotros mismos.
Las crisis son el límite de esas resistencias. Ocurren cuando la cuerda se tensa tanto que de un lado queda lo que es y del otro lo que quiero.
Aceptar es recibir (ad-captare / hacia-tomar) lo que es y soltar la tensión de la cuerda, dejar de tirar de ella. Si la cuerda se rompe, entonces caeré junto con lo que quiero (que no es lo que es), es decir que me quedaré estancada en mi necedad y, probablemente, enferme con ella o, mejor dicho, “de ella”. Toda enfermedad (malestar) es una resistencia.
Y ¿cómo sé que lo que es (eso a lo que me resisto), es la verdad y no algo que un otro está imponiéndome, ya sea una persona, una cultura, una creencia limitante, etc.?
Cualquier cosa que venga de fuera es un “no yo”, es lo que “no soy”, una ilusión y la verdad sólo puede ser lo que “soy”, si no deja de ser verdad para mi.
No hablo de la verdad para mi mente, que es la que me lleva a la resistencia, hablo de la verdad suprema para mi ser.
Esa verdad está en el corazón y no en la mente y es muy fácil distinguir una de otra porque la primera te aporta paz.
Todo lo que tenías que hacer era aceptarte como eres, amar en ti lo que eres, sin imponerte condiciones, reglas y rigideces; sólo así podrías encontrarte frente a alguien que te ame como eres en verdad y dejarías de proyectar rechazo y abandono fuera.
No tienes nada que cambiar en ti, nada que arreglar, nada que sanar; sólo tienes que amar, dejar de resistirte y no temer.
La resistencia y el temor te alejan del amor, es decir que te alejan de ti.
Tu reino es el reino del corazón y es allí donde debes permanecer.
Cada vez que quieres aferrar algo (o a alguien) externo a ti acabas soltándote a ti mismo; tus manos dejan de estar libres para recibir lo que en “verdad” es tuyo, para ti.
Recuerda que aceptar es recibir y aferrar (a-ferrar / hacia-hierro) es poner grilletes; por lo tanto eres esclavo de aquello a lo que te aferras.
No puedes tenerte si estás intentando tener cualquier otra cosa que no seas tu. Sólo puedes “tenerte” a tí mismo y así recibir lo que eres, lo que es como tu, afín a ti, para ti.
Aceptar es también, pues, soltar lo que no eres y, ese soltar, es liberarte de los grilletes que tú mismo te habías impuesto.

jueves, 25 de febrero de 2016

Je suis ce te joindre avec tout le monde...


 
Cada día se descorre un velo.
A veces ocurre en forma de milagro.
Otras nos zarandea la porfía de sostener la ilusión.
Pero una ilusión sólo es eso, una quimera demente.
Para habitar el corazón han de aceptarse las verdades,
entrar con humildad en su casa y no temer.
Hoy brindo por los milagros y celebro la reunión de las almas...
...más allá del sueño.


Yo Soy lo que se une con todo el mundo...

Gabriela Collado