Gabriela Collado

Terapeuta Holística. Maestra Espiritual. Coach en Relaciones. Terapia PNL. Transgeneracional. Biodescodificación. Risoterapia. Reiki Master. Terapia Metamórfica. Registros Akashicos. Tarot Evolutivo. Canalizaciones. Terapias y Talleres Vivenciales (Presenciales y On Line). Conferencista. Seminarios Motivacionales.

viernes, 15 de septiembre de 2017

¿Qué es eso de que somos luz?



¿Qué es eso que tanto leemos por ahí de que somos luz?
Sí, somos luz, teniendo en cuenta que la luz transmite información y que, de acuerdo a la información que contenga, será la forma que adopte.
Nuestro ADN contiene la información que nos hace humanos y también divinos.
Esa información o luz alcanza cada molécula para transformarla.
Si se conoce bien el manejo de la energía, se pueden reordenar átomos y moléculas. Sabemos por ejemplo que pensamiento y palabra son energía y que con ellos moldeamos. Emoción es movimiento, también energía.
Entonces la información es luz, es energía. Somos luz, somos información; todo lo es y esa información puede transmitirse cuánticamente porque viaja a través de la luz, es decir sin tiempo; por eso puede sanarse, es decir, cambiarse el pasado o lo que creemos como pasado, porque la información es corregida (no borrada sino completada) en los archivos. La enfermedad es información distorsionada y la sanación es información reordenada, en coherencia.

Elohim, hermanos de la luz.

⚜️Anarel - Maga

viernes, 1 de septiembre de 2017

Cinismo o nobleza

Muros, Galicia, España. Foto propia.

Dijo don Alejandro Jodorowsky: Cuando tu intelecto no sabe amar, te conduce al cinismo.
El concepto de cinismo proviene del latín cynismus aunque tiene origen griego. El término permite hacer referencia a la impudencia, la obscenidad descarada y la falta de vergüenza a la hora de mentir o defender acciones que son condenables.
Cuando nos posicionamos sólo en el conocimiento corremos el riesgo de volvernos cínicos. No conocemos empatía y actuamos sin escrúpulos por un mero interés personal.
Sus opuestos son la nobleza y la sinceridad, atributos del amor que no necesitan de la razón para expresarse.
No sé cuánto puede durar en pie el castillo de un cínico, lo que sí sé es que, cuando se cae, al primero que aplasta es a él mismo.
Siempre estamos a tiempo de elegir amar. Aquí y ahora. Porque todo cuanto hagamos habrá de caérsenos encima.
Mejor que sea amor.

⚜ Maga

jueves, 31 de agosto de 2017

Entrar en bucle



Cuando alguien no puede resolver algo que verdaderamente le preocupa entra en un bucle de repetición que no lo deja escapar del tema. Cada vez que quiere hablar o hacer otra cosa, acaba hablando de lo mismo, de su problema, una y otra vez. 
Hay dos maneras de hablar de un problema, una es para no salir de él y otra es para, finalmente, salir de él.
Me he visto envuelta en esos bucles repetitivos más de una vez y, aun siendo consciente, no conseguía evitarlos; era como una especie de tornado que me absorbía y llevaba hacía donde quería, por eso acababa hablando siempre del mismo tema que me preocupaba o temía. Es por ese comportamiento tornado que lo llamo bucle. 
Cuando uno toma conciencia de ésto lo que debe hacer es evitar entrar en temas o situaciones bucle, que sabe que una vez allí dentro se enredará y le costará salir. He descubierto un modo, quizás el único válido y es el silencio. Cuando te veas hablando de lo mismo una y otra vez, calla o intenta hablar de otro tema. Es un acto de voluntad pura pero, hay que saber, que es el único que nos lleva a la liberación porque, a base de repetición, lo único que conseguimos es perpetuar el problema del que huimos o, incluso, hacerlo crecer. 
Depón las armas, deja de luchar con eso que te sucede, sea una injusticia, un dolor o un miedo; deja de huir de él o de intentar a toda costa encontrar una solución o de que alguien te dé una respuesta diferente; tan sólo haz silencio, deja de pensar y hablar de ello durante un tiempo, tal vez unas horas, incluso unos días, calla principalmente tu mente y, cada vez que el tema se presente en tu cabeza desplázalo con un "ahora no, tal vez luego" y así cada vez; verás como irá perdiendo fuerza a medida que vas centrándote en cosas más positivas para ti. 
Recuerda que, el hecho de que no hayas resuelto aún un problema, no es motivo para castigarte y dejar de disfrutar todo lo demás. 
Al fin y al cabo, no todo depende de nosotros aunque nos creamos imprescindibles.
¡No te atormentes!

<3 Maga

domingo, 9 de julio de 2017

Cuando alguien muere todos morimos un poco



Todos los días muere alguien, es muy cierto, como también lo es que cada día, todos morimos un poco. Pero no es lo mismo cuando nos toca vivir de cerca la muerte de alguien a quién hemos conocido, a quien hemos visto, aunque sólo sea una vez.
Antes de anoche murió alguien con quien compartí apenas unos días en un retiro budista hace algunos años. Pedro tenía dos años menos que yo y se lo llevó de la mano una caída fatal. Recordé aquellos días en Trets, cuando repetimos juntos Nam Mioho Rengue Kio frente a un gohonzon, y me sentí triste.
Hace pocos días, también lloraba por la partida de alguien a quien había querido mucho.
Por regla general la muerte no es algo que me afecte especialmente; quiero decir que mi relación con ella ha sido siempre bastante natural; para mí la muerte siempre ha sido una parte de la vida y sé que ese ser no desaparece si no que se transforma y emprende un viaje con un nuevo rumbo. Así fue cuando presentí la muerte de mis abuelos, cuando despedí a mis padres.
Hoy me levanté pensando por qué la noticia de éstas dos muertes me ha movido algo más de lo habitual, por qué las muertes más cercanas nos afectan más que otras. No hablo de la persona que amas o aquella con la que vives, me refiero a cuando lloramos la muerte de alguien no tan cercano a nuestra vida, a nuestro día a día.
Lo que me respondí fue: la identificación. Nos identificamos con aquello que miramos y aquello en lo que nos miramos por eso nos afecta más la muerte de aquellos con quienes compartimos o hemos compartido parte de nuestra identidad. Podría, incluso, tratarse de alguien a quien no hemos visto jamás en persona pero que nos ha despertado mil y una emociones, como un cantante, un actor o nuestro ídolo del deporte. Aquellos seres con los que compartimos emociones, creencias, lugar, edad; todo lo que hace que nos digamos en ese momento "podría haber sido yo", porque si nos hemos visto reflejados con una parte de su vida, o un aspecto de ésta, también podemos ver una parte nuestra en su muerte.
Empecé diciendo que todos los días morimos un poco, porque cada día nos transformamos, porque el río que vemos no es el mismo río nunca aunque lo parezca y porque, cada ser que parte de este plano y con el que hemos compartido un trozo de nuestra conciencia, también se lleva parte de ese trozo aunque también nos deja algo de sí que nos transforma.
No soy la misma que antes de ayer ni seré la misma que mañana; la muerte de estas personas me recuerda que debo vivir esta vida ahora sin perder más tiempo teniendo miedo.
Creo que todos pactamos cuándo y cómo llegar a este mundo y también cuándo y cómo irnos de él, que son pasos naturales e ineludibles de la vida. Creo que si hemos elegido estar aquí y ahora es para experimentar la conciencia en todas su formas. Creo que cada par de ojos en los que me he mirado reflejan una parte de mí y que, cuando esos ojos se cierran, se va con ellos; tal vez por eso duela un poco más. Creo que el mejor honor que podemos hacerle a la muerte de otro ser es llenarnos de vida.
Sé que cuando lloro la partida de alguien no lloro por su muerte, porque es luz que vuelve a la luz, amor que regresa al origen.
Por todos aquellos trozos de nuestra vida que debemos dejar partir, aquello a lo que debemos dejar morir para poner nueva vida en su lugar. Por los seres que nos han transformado en lo que somos y que ahora se han transformado en luz. Aquellos que solo se han adelantado a nuestro viaje y que nos esperan al otro lado para seguir jugando a un juego nuevo, para seguir creciendo, para seguir amando.
¡Carpe diem amigos!

Maga

lunes, 3 de julio de 2017

¿Un cuerpo iluminado?

 
 
Muchas veces cuando hablamos de conciencia o meditación tenemos la idea de algo “espiritualoide” que nos eleva por encima de nuestro cuerpo y, en el peor de los casos, por encima de los demás.
Creemos que la conciencia o iluminación es algo que sucede allá arriba separado de nostros y tendemos a ignorar o rechazar a nuestro cuerpo o al ego que lo representa. Quizá por términos como el de ascención es que nos hemos imaginado que alcanzar la iluminación era algo como esas imágenes de Jesús o la virgen María elevándose hacia los cielos. En realidad la ascención sucede con el cuerpo y no es que nos elevamos de la Tierra sino que nos elevamos con la Tierra. Lo que se eleva es nuestra vibración energética y nuestro cuerpo es energía y, así, se expande nuestra conciencia (todas ellas). Es en verdad un proceso, más que de subir, quizás de bajar lo espirtual al cuerpo, en lugar de mantenerlo separado como algo sagrado que no podemos mezclar. Otro modo correcto de decirlo sería el de despertar a la divinidad que anida dentro de nuestro cuerpo.
Quiero aclarar que con el término “espiritualoide” me refiero a algo que pretende ser espiritual pero que es sólo una fachada construida por la mente y su idea de cómo debería ser o aparentar estar iluminado.
He conocido a algunas personas que aún creen que meditar es sentarse a pensar y otros muchos que han entendido bien la teoría de la ascensión pero se les ha quedado en algo meramente mental. Entender no es comprender y comprender implica atender a todos nuestros sentidos y cuerpos.
Seguramente por eso a mucha gente le cuesta comprender el concepto de que Dios está dentro de sí mismos. Imaginan a un Dios tan puro y sagrado que no puede mezclarse con lo denso y bajo de un cuerpo lleno de necesidades.
Yo misma tuve que aprender a estar en mi cuerpo (y me llevó mi tiempo debo admitir). Primero daba demasiada importancia a lo mental, luego a lo emocional y finalmente le llegó el turno al cuerpo a fuerza de llamadas de atención sintomáticas no sólo en mi cuerpo físico sino también en la representación de todo lo que refleja la necesidad de estar anclado a tierra y conocer el movimiento de las energías materiales como, por ejemplo, el dinero. Sin embargo ha sido un proceso que permití que fuera de modo natural, no forzándome a escuchar a una u otra cosa.
Lo que en verdad sucede es que estamos tan inmersos en nuestra mente que hemos desconectado de nuestro cuerpo y, por eso, éste no tiene más remedio que manifestarse a través de síntomas y enfermedades.
Así es que los términos conciencia, meditación e iluminación incluyen a nuestro cuerpo. Meditar es bajar al cuerpo, conectar con su centro, es tomar conciencia de mi Yo Soy completo. Se trata de alcanzar una coherencia y una unidad de todos nuestros cuerpos y/o conciencias. Mi conciencia del Ser puede tener muy clara una experiencia por la que estoy atravesando y saber que tengo la fuerza para atravesarla, pero mi conciencia humana, al ser más densa y estar inmersa en un mundo físico y condicionado, necesita otro tiempo para procesarla. De mi depende que aprenda a escuchar todos mis cuerpos y mantenga el equilibrio, sin rechazar a ninguno. Todas son herramientas que constituyen un todo. Imagina cómo sería usar el martillo para todo.

Gabriela Collado

sábado, 1 de julio de 2017

No te quedes con la sensación de haber dado poco

 
Buscamos la luz allí afuera, allí arriba. Buscamos comprender lo grande, desentrañar el Universo. Cuando, en verdad, la luz está aquí mismo, en lo pequeño, en amar con todas nuestras fuerzas, todo cuanto podamos, todo el tiempo.
No te quedes con la sensación de haber dado poco. Dalo todo, sin medida y así no habrá modo de equivocarse. Uno nunca se equivoca cuando ama. Quizá sí se equivoca cuando lo hace esperando algo a cambio.
Probablemente la vida no espere a que te atrevas, a que sientas que estás preparado, a que te encuentres seguro. Las personas menos. Tal vez ya no estén allí cuando dejes de temer, cuando acabes de pelearte contigo mismo. Nada de eso tiene sentido, salvo el amor. Lo único que en verdad importa es lo que das. Porque cuanto más des, más sentirás que has recibido.

¡Gracias por estar y por enseñarme tanto cada día!


Maga

sábado, 17 de junio de 2017

Después del éxtasis, la colada

 
 
Mientras escribía lo que sigue a continuación me encontré con un probervio zen que dice: “Después de la iluminación, todavía tienes que lavar la ropa” y me pareció una imagen excelente que, además se adecua a lo que intento hacer referencia.
En realidad, los seres verdaderamente despiertos que puede haber entre nosotros, se cuentan con los dedos de las manos.
Puede que haya seres más concientes que otros pero, mientras estemos aquí jugando a este juego, estaremos inmersos en la distorsión de esta 3ª dimensión. Si dejamos de creer en nuestro cuerpo, éste desaparece y no hay juegoposible aquí abajo.
Sí, es cierto, que tenemos acceso a diferentes niveles de conciencia y que, desde este sueño, nos expandimos a ellos.
En principio sólo somos concientes de nuesta consciencia Humana y luego vamos accediendo y tomando conciencia de nuestra consciencia del Ser.
Para comprender algo completamente uno ha de convertirse en eso. Como el músico es la música cuando compone. Es decir que uno no se convierte en música sólo por conocer la escala musical.
Por eso, estar despierto, no es sólo conocer la leyes universales, no es simplemente recitar un mantra iluminado o saber cómo funciona el juego. Es sentir que tú eres la ley misma, es convertirte en el mantra, ser el juego en sí.
Es, a la vez, desapegarte de todo conocimiento para saber que las leyes operan en tí, creas o no en ellas, sepas o no de su existencia y funcionamiento y que el juego no te atrape en sus tentáculos emocionales.
No somos lo que nos pasa si no que creamos lo que nos pasa; como quien moldea un sueño.
Somos los hijos dormidos de nuestra consciencia del Ser; ese Padre que nos ha dejado bajar a jugar y, una vez aquí, nos olvidamos de él y de cómo regresar. Hijos sin conciencia, o conciencia Humana sumida en la ignorancia de su verdadero origen.
“Hijo mío, tú siempre has estado conmigo, y todo lo mío es tuyo. “Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque éste, tu hermano, estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.” Lucas 15:31-32.
En la parábola del hijo pródigo se relata ese regreso del hijo perdido a casa del Padre y da a entender que, en realidad, no importa lo que hagas, siempre que decidas regresar al Padre, el Padre te recibirá porque no juzga tu camino, no juzga tu sueño ni tu juego.
Por eso no necesariamente es más santo el que permanece en el templo acatando los preceptos por “temor” al Padre y sí puede serlo el que regresa “por amor a él”. Porque ha comprendido el significado del perdón, el valor del amor.
Aquellos seres que han alcanzado el éxtasis, han recordado el camino de regreso y decidido regresar al Padre pero, mientras lo hacen, siguen aún inmersos en el juego, aunque canten las alabanzas de su recuerdo. Muchas personas idolatran a esos seres y pretenden deshechar su parte humana. Si, al que llaman maestro, lo ven humano, lo rechazan; no comprenden que, aunque haya tomado conciencia de su consciencia de Ser sigue teniendo una consciencia Humana y, por lo tanto, aún debe hacer la colada cada día.
Creo que no hay cosa que más nos acerque a esa Consciencia del Ser, que tomando conciencia de nuestra propia humanidad.

Yo Soy Fuerte

 
 
Estás ahí sentado, llenándote de queja, pidiéndole a tu Dios que te envíe más de aquello que repites tanto, para que puedas seguir identificándote con eso. No oyes la voz que clama por tu reino. Hasta donde seas capaz de ver, será tu reino.
¿Qué sucedería si, en medio de esa angustia, en medio de toda esa rabia, te pones de pie y proclamas “YO SOY FUERTE”, quizás te preguntarías ¿qué hago aquí llorando?, aquello por lo que lloro ya ha pasado, ya no está aquí, o más aún, todavía no ha sucedido, por lo tanto no está aquí.
“YO SOY FUERTE”, repítelo para ti, en voz alta, en tu mente, alzando la barbilla y la mirada y con una ligera sonrisa en tus labios.
“YO SOY FUERTE”.
Una cosa es estar triste o enfadado y otra es mudarse vivir allí y entonces, ese será tu reino, todo cuánto alcanzas a ver.
Puedes sonreír, a pesar de ti mismo, a pesar de tu creencia de que debes estar triste 0 disgustado. A veces no es más que eso, una creencia. Si alguien muere, debo llorar; si alguien me insulta, debo enfadarme. Puedes llorar o enfadarte, no es ese el punto, si no si es lo que realmente tú sientes o es lo que crees que debes sentir. En cualquiera de los casos: “YO SOY FUERTE”, “YO PUEDO”.
Genesis 13:15 “Pues toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre”.
Lo que ves es tuyo, porque es lo que eres dentro de ti y, no es tanto lo que ves, sino cómo has decidido verlo y eso es lo que enseñarás y transmitirás a tu descendencia, y eso es lo que heredaste de los tuyos.
Existe una diferencia entre reclamar y proclamar. Salte del reclamo y proclama: “YO SOY FUERTE”, “YO SOY EL QUE VE MAS ALLA DE LO QUE EN APARIENCIA CREE”, “YO SOY EL CREADOR DE MI PROPIA REALIDAD, A CADA INSTANTE Y DESDE AHORA Y PARA SIEMPRE”.

miércoles, 14 de junio de 2017

Miedo a la libertad




Tu miedo a la libertad es directamente proporcional a tu deseo de agradar a los demás.
Quizás porque sencillamente no sabes lo que es agradarte a ti.
No se puede obedecer a dos amos, eso te divide y en la división no hay paz y sin paz, no hay libertad.

💜 Maga

martes, 13 de junio de 2017

No des lo que no te han pedido



Puede que estés convencido, incluso que tengas pruebas, de que aquello en lo que crees o practicas es maravilloso y entonces deseas entregárselo al resto.
No insistas a tu hermano en recibir algo que no te ha pedido (opinión, consejo, ayuda, tus ideas, creencias...) Por muy buena que puedas pensar que es tu obra, el hecho de imponerse denota soberbia.
Respeta en amor a tu hermano en la elección del propio camino; no sabes tú de su experiencia ni sus tiempos y, por tanto, tampoco puedes juzgarlo.

⚜️ Maga