Gabriela Collado

Terapeuta Holística. Maestra Espiritual. Coach en Relaciones. Terapia PNL. Transgeneracional. Biodescodificación. Risoterapia. Reiki Master. Terapia Metamórfica. Registros Akashicos. Tarot Evolutivo. Canalizaciones. Terapias y Talleres Vivenciales (Presenciales y On Line). Conferencista. Seminarios Motivacionales.

domingo, 26 de julio de 2015

Kirón y Prometeo o el regalo de la herida del ser amado



KIRÓN
En la Mitología Griega Kirón era un centauro, un dios inmortal que vivía en la Tierra, siendo el maestro de muchos héroes griegos. Una vez fue herido accidentalmente por una flecha de Hércules. La herida era muy dolorosa y no podía curársela, a pesar de que Kirón era un gran sanador.
El detalle era que Kirón no podía morir a causa de su herida porque era un dios, era un inmortal; pero tampoco podía curarse. Kirón sufría mucho porque nadie podía sanarle la herida y como además no podía morir, no tenía ni siquiera la esperanza de que algún día cesase su dolor con el descanso de la muerte.
Estaba condenado a un dolor eterno. Él podía haberse amargado haciendo más penoso su dolor; también pudo haberse entretenido con inútiles lamentaciones o dirigir su dolor y su rabia a los demás; pero no hizo eso, sino que su dolor le hizo más sabio aún, le hizo comprender mucho más sobre la naturaleza del dolor humano y eso le convirtió en el más grande de los SANADORES de la mitología.

PROMETEO
Una vez, el pueblo sacrificó un toro a Zeus. Era costumbre ofrecer parte de la víctima al dios y quedarse el pueblo con otra parte. Prometeo dividió la carne en dos: una buena y otra buena sólo en apariencia, pues eran prácticamente los huesos camuflados con la piel. Zeus escogió esta segunda y cuando descubrió el engaño se enfadó muchísimo y decidió privar del fuego a la humanidad.
Prometeo se compadeció de los humanos y robó el fuego de los dioses en un tallo de hinojo y se los dio a los humanos enseñándoles su funcionamiento. Zeus castigó a Prometeo encadenándole a una roca y haciendo que una gran águila le devorara su hígado eternamente, pues cada día Zeus le reconstruía el hígado, para que cada día el águila lo devorase.
El héroe Heracles, hijo de Zeus, rescató a Prometeo, disparando al águila y rescatando al titán. Cuando Zeus se enteró, estuvo contento por la hazaña de su hijo, pero quiso que Prometeo recordara siempre que se había portado mal y le condenó a llevar siempre el anillo de metal con el que estaba encadenado, así como un trozo de la roca.
Quiso el azar que Prometeo se encontrase con el centauro Kirón que, herido por una flecha de Heracles, tenía unos terribles dolores y quería morir. Pero Quirón tenía el problema de que era inmortal y tuvo que encontrar a alguien que aceptara su inmortalidad. Prometeo aceptó y pasó a ser in mortal en lugar de Kirón y Zeus aceptó la liberación de Kirón y la inmortalidad de Prometeo.

***

Estos dos mitos que se unen tienen varios aspectos para comprender su enseñanza completa.
Por una parte tenemos a Kirón que era mitad bestia, mitad humano. Su herida incurable se produce por una flecha disparada hacia su parte animal por su mejor amigo Heracles.
La parte animal de Kirón representa nuestros bajos instintos, aquello que escondemos en nuestras sombras. Normalmente aquella persona que más amamos o que más nos ama es la que nos ayuda a hacer visible esa sombra, enfrentarnos con aquello de nosotros que no queremos ver, y eso, en un primer momento, nos puede herir terriblemente. Pero, dependiendo de la actitud con la que decidamos vivirlo, ese dolor puede hacernos más fuertes. Puede que la herida no desaparezca, pero podemos hacer que deje de doler cuando la utilizamos para comprender las heridas ajenas y sentir empatía hacia su dolor.
En lugar de seguir cargando con él y hacerlo eterno, debemos morir a él. Y muchas veces, tal y como hizo Kirón con Prometeo, liberar a los demás de su sufrimiento nos ayuda a liberarnos a nosotros mismos del nuestro.
Eso nos da la sabiduría, representada en este mito por el aspecto de maestro de Kirón y nos permite sanar el alma.
Por otra parte está Prometeo que cree que puede engañar a los dioses entregándoles una apariencia. Divide la carne en dos, es decir que permanece en la dualidad, y entrega sólo un envase vacío, una apariencia. Esto simboliza cuando creemos que somos en verdad buenos por seguir un dogma, cuando creemos que en verdad somos seres despiertos por ponernos un atuendo o seguir ciertas prácticas pero, en verdad, no hemos hecho el arduo trabajo de reconocer nuestra dualidad, seguimos imbuidos en el juicio y no nos hemos enfrentado a nuestras propias sombras, nuestro lado animal.
Cuando hacemos esto nos estamos alejando de nuestro propio fuego creador (nuestra luz, nuestras emociones y nuestro propio poder) y por eso en el mito los dioses privan a la humanidad de ese fuego como castigo. En realidad no hay ningún dios fuera que nos castigue, sino nuestra divinidad interior que se aparta de nosotros cuando actuamos así.
Sin embargo Prometeo, que se cree más listo que Zeus (o nuestro ego cuando se cree más listo que nuestro corazón), decide robar el fuego al dios y enseñarle a los demás cómo funciona. Pero los dioses vuelven a castigar a Prometeo encadenándolo a una roca. Es decir que, el seguir escapando de nuestra sombra, nos encadena aún más a la materia, a las apariencias, a la dualidad, a los juicios que generan as culpas, al ego. No se puede robar el fuego a los dioses, no podemos jugar a estar despiertos. Para poder enseñar el uso del fuego a los demás debemos despertar antes a nuestro propio fuego.
No conforme con eso, Zeus envía un águila para que cada día le devore el hígado a Prometeo y, cada noche éste vuelve a regenerarse para ser devorado otra vez al día siguiente. El hígado es el saco en el cual escondemos nuestra ira, nuestros rencores y nuestra frustración. Cada vez que reprimimos nuestras emociones (que nos privamos de su fuego) el hígado se bloquea. Es el hígado el que filtra y elimina los desechos de nuestro organismo. Así que, si bloqueamos nuestra emoción quedándonos en la apariencia y la escondemos en nuestra sombra, deberemos seguir cargando con nuestros residuos emocionales y éstos tomarán el mando en nuestra vida, a través del subconsciente, encadenándonos cada vez más a aquello de lo que huimos.
Heracles, el hijo del dios y el amigo que hirió a Kirón, rescata a Prometeo de la roca. Y esto me recuerda en cierto modo a Cristo, el hijo de Dios que quiso enseñar a los hombres a liberarse de sí mismos cuando fue crucificado a la materia para redimir al ego y resucitar al ser. Ese mismo Cristo que, con su sola presencia, refleja la verdad haciendo que los demás se enfrenten con su propia sombra. Sólo quienes posean la actitud y sabiduría de Kirón sabrán utilizarlo para sanar el alma, pero quienes decidan permanecer en la apariencia como Prometeo acabarán devorados por su propia ira.
Finalmente Prometeo, al ser liberado de la materia, se encuentra con Kirón el sabio quién, a modo de recompensa por haberse enfrentado consigo mismo y haberse deshecho de su apariencia, le entrega su propia inmortalidad.  Es decir que al liberarnos del ego nos encontramos como recompensa con la sabiduría, con el propio maestro interior.
Kirón entonces puede morir, pero no muere al ser eterno que en verdad es y somos, sino que mueres al sufrimiento y al dolor para despertar a la conciencia eterna. Y puede hacerlo, puede liberarse a sí mismo y despertar porque ha comprendido que no está separado del resto, que Prometeo y Heracles y todos a cuantos había ido sanando eran él mismo y que sólo liberándolos (esto es perdonando y perdonándonos, comprendiendo que todos cumplían un papel dentro de nuestro sueño de ilusión) sería capaz de liberarse a sí mismo.
Para terminar quisiera rescatar también el símbolo del águila que representa también ese renacimiento que se nos ofrece luego de atravesar una crisis que nos lleva a despojarnos del ego para poder volar libres. El mensaje del águila es "Si quieres volar tendrás que soltar tu historia".
La enseñanza del águila está contada en el siguiente video:





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