Gabriela Collado

Terapeuta Holística. Maestra Espiritual. Coach en Relaciones. Terapia PNL. Transgeneracional. Biodescodificación. Risoterapia. Reiki Master. Terapia Metamórfica. Registros Akashicos. Tarot Evolutivo. Canalizaciones. Terapias y Talleres Vivenciales (Presenciales y On Line). Conferencista. Seminarios Motivacionales.
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viernes, 3 de noviembre de 2017

Lo que teme una mujer



El otro día escuché en la serie La Caza (Netflix) un diálogo que decía más o menos así:
"Lo que más teme un hombre de una mujer es que se ría de él. En cambio, lo que más teme una mujer de un hombre es que la mate."
Aunque no es nuevo me impactó porque ofrece una imagen muy certera de lo diferente que es caminar por la vida, en esta sociedad, como hombre o como mujer.
La mayoría de las mujeres no saben lo que es no tener miedo y la mayoría de los hombres no saben lo que es tenerlo, a caminar sin prejuicios, a moverse con libertad, a expresarse como son.
Hay mujeres valientes, muchas y hombres con miedo, un montón. Sólo voy a lo más simple, el modo de andar por la vida que, sólo por nacer de uno u otro sexo, se hace diferente. No es igual educar a un hijo que a una hija. No sé mira igual en las profesiones, en las instituciones, a un hombre que a una mujer. Sabemos que no hay igualdad, sin embargo hoy he querido centrarme en algo más simple pero, tal vez, más profundo, algo como caminar por la calle a cualquier hora, algo como vestir como nos da la gana o amar y relacionarnos como queramos. No solemos pararnos a mirar esto, incluídas las mujeres ya lo "acatamos" como norma y eso también da mucho miedo; lo establecido, lo que no se mira ni se cuestiona, la desigualdad instalada en la conciencia de todos, la que hay que romper aunque te llamen bruja y aunque te "mueras" de miedo, literalmente para muchas, en muchas épocas.

¡Buenos días seres y humanos!

⚜️ Maga

domingo, 15 de octubre de 2017

Las mujeres de mi genealogía


Me gusta contar a menudo el origen de la condición nómada de las mujeres de la rama materna de mi genealogía. Mi bisabuela Dolores, que en la foto aparece vestida de riguroso luto, nació en Asturias. Joven emigró a Argentina con su marido y allí tuvieron una niña llamada Isabel, mi abuela, que está en la foto junto a mi madre. Cuando Isabel cumplió 2 años, decidieron regresar a España. Era el año 1917.



Mi abuela crece en España y aquí conoce a mi abuelo, nacido en Salamanca. Viven en Zamora en donde tienen 2 hijos. A la segunda le ponen de nombre María Rosa, era mi madre.
En 1951, cuando Rosita tenía 9 años, embarca junto a su madre y su hermano en el buque Córdoba que soltaría su ancla en Buenos Aires, en donde los esperaba mi abuelo. Huían de la famélica posguerra Civil Española.
Mí madre celebró su 15 cumpleaños en el Club Riojano Español de Buenos Aires y ese día conoció a mí padre Pedro Luis, español y riojano. Al cabo de 9 años se casan y tienen 3 hijos. Yo soy la menor de los tres y la única mujer. Nací en un lugar llamado Santa Fe, cuyo hospital fue demolido luego de mi llegada al mundo.


Ingresamos a un nuevo milenio y, casi 100 años después del regreso de mi bisabuela a España, mi madre y mi padre también deciden volver a su tierra natal. Yo vengo después y es aquí en donde engendro a mi hija, Caterina y regreso a Argentina con ella en mi vientre. A los 6 meses de gestación vuelvo a España para dar a luz en un hospital que, poco tiempo después, fue demolido.
No supe el motivo que me había empujado a venir a vivir a España hasta que desmenucé mí árbol y descubrí esta historia al completo.
Hoy se celebra el Día de la Madre en Argentina y, por todas las madres que me precedieron y que compartieron amor con sus hijas en mi país de origen y en este que hoy me acoge, es que comparto esta historia. Y por mi hija, a quien decreto libre, aquí y ahora, de repetir patrones, libre de expresar su amor en cualquier lugar del planeta en donde sea ella misma, siempre.
Gracias mamá, abuela y bisuabuela por sostener los lazos que hasta aquí me han traído y gracias hija de mi alma y de mi sangre por hacerme madre.
¡Feliz día a todas las mamás!

Con ❤️ de Maga y de mamá.

lunes, 8 de mayo de 2017

Sangreal



A veces la vida necesita aplastarte para hundir más la semilla en la tierra, lo suficiente para engendrar nueva vida integrando lo viejo. Porque la vida no descarta sino que integra e incluye.
Allí está la mano de la Diosa alimentando la nueva vida con la sangre de dolores viejos.
Ese es el sangreal, la sangre real, el oro de vida que corre por nuestras venas, el que forma nuestro hogar primigenio en el útero sagrado.

* Maga *

gabrielacollado.webs.com

sábado, 7 de enero de 2017

Carta de Amor..., a mí.





¿Qué sucede cuando amo a alguien y ese amor no es correspondido? ¿Qué hacer cuando nos vemos implicados en medio de una relación que nos daña más que ayudarnos a expandirnos?

La siguiente carta es un ejemplo de lo que sucede cuando una persona decide no abandonarse a sí misma por una relación (mal llamada amor) en la cual no es bienvenida ni tenida en cuenta. 
No se trata de no amar al otro, sino del resultado de amarnos a nosotros mismos, lo que nos ayuda a no abandonarnos y a amar lo que es como es, sin intentar forzar las situaciones, ni a las personas, ni a nosotros mismos, para encajar.

Amado,

Te amo profundamente y puedo hacerlo porque me amo profundamente a mí. Es por eso que he decidido no seguir comunicándome contigo, porque la emoción que siento cada vez que te acercas interrumpe el libre fluir en mi propia vida, puesto que no hay una creación conjunta, no hay un compartir.
Ceder por amor no es ceder la propia vida, no es en ningún caso abandonarse por otro. Si yo no me abandono nadie lo hará.
Eres digno y soy digna de un amor completo, nada menos que eso.
Nadie podrá impedir que suceda aquello que deba suceder. Aunque uno se esconda o lo aparte. Es por eso que no hay que hacer nada para que las cosas sucedan pero tampoco dejar de hacer por esperarlas.
Todo cuanto hemos venido a hacer aquí es a vibrar en amor, vivirlo todo y disfrutar, jugar y ser felices.
Deberíamos reaprender la claridad de los niños, sinceros, directos.
Principalmente ser claros con nosotros mismos, con lo que sentimos y lo que queremos, para poder serlo con los demás.
No renuncio al amor que siento, sólo me aparto de las situaciones que me llevan a abandonarme a mí misma, a olvidarme de mí.
Nuestro desafío más grande es aprender a soltar aquello más amamos, más allá de los propios intereses. Comprender que tienen un camino y una experiencia por hacer y que nuestra presencia y nuestro egoísmo, muchas veces, les interrumpe su felicidad, su aprendizaje y, por lo tanto, el nuestro.
El desapego es permitir que cada uno viva su experiencia. Procurar la felicidad del otro (aun cuando ello implique hacernos a un lado) es procurar la propia felicidad. Nadie puede ser feliz estando donde no lo aman. Y, si así sucede, será el reflejo de la falta de amor hacia sí mismo. Un círculo vicioso y absurdo.
La claridad aporta luz.
La diferencia entre lealtad y obediencia es que la primera mira hacia el espíritu y la otra hacia el ego. El espíritu entiende de excelencias, no de perfecciones.
Ya no espero nada, todo lo entrego, lo suelto. Es decir que lo espero todo pero no soy yo la que lo decido.
Lo que si deseo es que sepas respetar esta decisión.
Desde el amor que a ti me une…

En amor.

Cuando nos salimos con la nuestra, cuando le ganamos a otro, en realidad, no ganamos nada, sino que perdemos la posibilidad de enriquecernos, de expandir nuestro conocimiento y que el otro, a su vez, expanda el suyo, de trabajar y cooperar conjuntamente por un objetivo común que nos beneficiaría a todos y no sólo a uno. De hecho si es sólo uno quién se beneficia, no se beneficia nadie, ni siquiera ese uno, que se queda aislado con su ilusión de "ganancia".

Darte la oportunidad de enamorarte de ti, no es un gesto de autocomplacencia egótica, ni es para distinguirte, si no para comprender mejor al otro ser humano con el que convives y compartes, para desarrollar la empatía, para compartir el amor que en realidad ya eres sin necesidad de poseer a nada ni a nadie, para derramar sobre el mundo los dones particulares que has venido a ofrecerle y con ello a ofrecerte a ti mismo a través de los demás.



Hoy te amo y te libero, hoy me amo y me libero.

Gabriela Collado

domingo, 21 de febrero de 2016

Enamora-miento

 
 
Los gallardos de la mente están hechos para enredarte, son hábiles embaucadores; el hedonismo es su única finalidad.
El palcer por el placer acaba siendo autodestructivo, como todo aquello en donde no habita el equilibrio. Por eso, si no tienes paciencia en los ciclos de la vida y deseas quedarte en la comodidad de los placeres, acabarás engañándote a ti mismo.
Todo lleva al cambio porque la rueda gira; porque no hay espiral posible de escalar sin movimiento.
No se puede vivir un “amor” desde la mente eso no es amor sino una vana ilusión.
Observa a tu enamorado/a, observa si es un objeto de devoción, un capricho para aplacar tu soledad.
Enamorarse de otro no es amar a otro. Enamorarse de otro es un espejismo, es creer que tu amor está afuera, en esa otra forma y que depende de su presencia o su ausencia, de su correspondencia o no, de lo que pueda ofrecerte o quitarte.
Pones tu amor fuera de ti, pierdes tu poder.
A veces lo que creemos sea estar enamorado/a de alguien es, en realidad, una auto-violación porque ese otro pasa a ocupar todos nuestros espacios, nuestras decisiones. Pensamos por el otro “¿qué pensará?”, actuamos por el otro “¿qué espera de mi?”. “Él/ella quiere”, “él/ella dice”, él/ella hace o no hace”... Y, así, vamos abandonándonos, dejamos de escuchar lo que nosotros pensamos, lo que esperamos. El “yo quiero” pasa a ser “él/ella quiere”.
Y, en ese abandonarnos tan inconsciente, comenzamos a arrastrarnos para obtener esa mínima dosis de “amor” que él o ella quiera darnos.
Y, más imploro por esa dosis, más me abandono y, más me abandono, menos recibo, o recibo lo que estoy eligiendo ser: “abandono” y el otro comienza a abandonarme, a no tenerme en cuenta.
Entonces lo culpamos y sufrimos, decimos que al otro no le importamos cuando, en verdad, siempre hemos sido nosotros mismos los que nos hemos ido abandonando, ignorando, prostituyendo por una mirada, una caricia, violando nuestros propios deseos.
Desanda el camino. ¿En qué lugar has decidido abandonarte? ¿En qué momento?
Ve a buscarte. Recuerda quién eres y qué quieres y no vuelvas a ceder en ello para que una ilusión pueda encajar en tu vida.
El amor no se busca desesperadamente allí fuera, el amor se cultiva dentro, con uno, en uno.
La paciencia es una cualidad de ese amor. El saber decir un NO a tiempo es amarte.
Nadie va a darte lo que tu no te das.
Y, cuando recuerdes amarte a ti por sobre todas las cosas, comenzarás a vibrar en ese amor, brillarás de tal modo que tu compañero/a (el/la que te corresponda) sabrá reconocerte y ya no te importará la forma que ese amor tome (amigos, pareja, hermanos, compañeros...) porque el AMOR no es forma sino contenido, porque estés donde estés y con quién estés estarás siempre en pareja contigo y allí no existe abandono posible, ni miedo (que es el olvido del amor).
Y, cuando se reconozcan y se tomen de la mano...
Bueno, allí comienza otra extraordinaria aventura.
¿Estás dispuesto/a a vivirla?
 
Gabriela Collado

lunes, 21 de septiembre de 2015

La trampa de Ulises o cómo reconocer al amor verdadero



Odisea: El certámen del arco

El regreso a Ítaca
Tras veinte años fuera de Ítaca, Ulises regresa, pero decide ser prudente y no mostrarse tal y como es hasta asegurarse de quiénes le van a recibir bien y quiénes no. Atenea le disfraza de mendigo. Y así llega a su hogar. Allí los pretendientes de Penélope, su mujer, campan a sus anchas y nadie se siente capaz de detenerlos. Una vez ha visto lo que hay, se prepara para resolverlo.
Se refugia en la cabaña del porquerizo del palacio, que le sigue siendo fiel. Allí es donde se encuentra con Telémaco. Ambos se sientan y conversan. Llegado el momento, Ulises le dice quién es. Telémaco mira al mendigo con escepticismo. Atenea le devuelve su figura habitual, pero Telémaco sigue desconfiando. Ulises se levanta enfadado y comienza a regañarle como solo los padres saben hacerlo.
"¿Cómo te atreves a contradecir a tu padre? ¿Cómo que no me reconoces? Te digo que yo soy Ulises".
Entonces es cuando Telémaco le cree y entre los dos urden un plan contra los pretendientes.
           
El fin de los pretendientes
Ulises, disfrazado de mendigo, y Telémaco regresan al palacio. Ulises observa, ayudado por Telémaco, quienes le siguen fieles y quiénes no. Penélope los ve y se acerca. Pregunta al mendigo por Ulises, como hace a todos los viajeros. Ulises le miente. Le cuenta que vio a Ulises al principio de la guerra. Inmediatamente, Penélope le toma simpatía y manda a una sirvienta que le lave los pies. La sirvienta es Euriclea, la antigua nodriza de Ulises. Ulises sabe que le reconocerá cuando vea en su pantorrilla una cicatriz que tiene desde pequeño, como efectivamente ocurre. Euriclea calla por orden de Ulises y se marcha de allí, incapaz de ocultar lo que siente.
Los pretendientes siguen acosando a Penélope. Harta les propone lo siguiente: el que sea capaz de tensar el arco de Ulises, ese será su marido.
Todos fanfarronean. Pero tensar el arco de Ulises no es tan fácil. Todos los pretendientes lo intentan sin conseguirlo. Penélope sonríe. Mientras, Telémaco y Ulises han ido cerrando las puertas de la sala.
Telémaco también lo intenta y por poco lo consigue. Los pretendientes se burlan.
"Yo también voy a intentarlo" dice el mendigo que es Ulises. Los pretendientes le arrojan cosas. Es Penélope quien le defiende.
"Si este hombre lo consigue, le colmaré de riquezas y regalos" dice. Luego se retira a descansar.
Ulises va tensando el arco y Telémaco termina de cerrar las puertas. Con una facilidad asombrosa, Ulises consigue tensar el arco, pone una flecha y apunta a un pretendiente. Atenea le devuelve su aspecto. Caen uno tras de otro.
           
Ulises, rey de Ítaca
Penélope descansa en su habitación. Pero le despiertan los gritos de las sirvientas. Euriclea entra en la habitación como una tromba.
"¿Qué haces aquí dormida? Levántate, mujer. Ulises ha vuelto".
Penélope baja para encontrar a su hijo charlando animadamente con un desconocido que se parece mucho a Ulises. Pero ella es prudente. Todos le reprochan su corazón de piedra sin saber que ese corazón es el que le ha permitido sobrevivir a las injurias de los pretendientes.
Decide probar al desconocido, tenderle una trampa. Se vuelve y le dice a un criado que bajen la cama de Ulises hasta allí porque no piensa dormir con él.
Ulises pone los brazos en jarras y la mira con fuego en los ojos.
"¿Te has vuelto loca Penélope? Mi cama no se puede mover. Uno de sus pilares es un olivo que yo mismo sembré".
Ulises ha probado su identidad. No necesita nada más.
Ulises va a ver a su padre Laertes. Al principio el viejo no le reconoce y una vez más Ulises tiene que probar quien es. Luego los dos regresan a Palacio.
Tumbados en la cama, Penélope y Ulises se cuentan sus aventuras. Atenea hace que esa noche sea más larga de lo habitual.
Lo que hicieron cuando terminaron de hablar no lo recoge la mitología.

***

Esta es la última parte de la Odisea y me valdré de ella, en este caso, para referirme a la búsqueda del compañero.
Penélope es considerada un símbolo de la fidelidad conyugal y Ulises el esposo que debe demostrar que el reino es suyo.
La pareja perfecta para nosotros es aquella que se adecúa a lo que siempre deseamos, pero no siempre permanecemos fieles a este ideal. Ya sea por el temor a quedarnos solos, por las opiniones ajenas, por querer cumplir con los roles que nuestra educación o nuestra sociedad nos han impuesto sobre cómo debería ser o deberíamos ser dentro de una relación o por creer que nunca encontraremos en otro ser aquello que tanto hemos anhelado, acabamos abandonando la espera y nos conformamos con una relación que es un pálido reflejo de aquello que deseábamos para nosotros y que en el fondo de nuestro corazón seguimos sabiendo que existe, que es posible.
Esta es la primera lección de Penélope. Penélope encontró a su compañero en Ulises y se casó con él. Cuando Ulises partió hacia la guerra de Troya, Penélope lo esperó. Cuando, diez años después, la guerra de Troya acabó y se enteró del regreso de todos los reyes vecinos que habían participado en la misma junto a su esposo, pero Ulises no regresaba, aun así continuó esperándolo.
No fue por falta de pretendientes por lo que Penélope decidió esperar el regreso de Ulises, sino porque no era darle un consuelo a su corazón lo que ella quería. Ella sólo deseaba el regreso de su esposo, el amor que sabía existía y era perfecto para ella.
Pero la sociedad a veces apremia, las circunstancias también y ella, que estaba decidida a permanecer fiel, no a Ulises, sino a su propio corazón, a sus propios deseos, urdió un plan para distraer a los pretendientes. Hizo la promesa de que cuando acabara de tejer el sudario para su suegro, elegiría uno de los pretendientes. Y así cada noche destejía cuanto había tejido durante el día. Cada día tejía las ilusiones de encontrar, en alguno de ellos, el rostro del esposo anhelado y cada noche, al hallarse sola con su corazón, destejía sus falsas ilusiones para escuchar únicamente a su propia verdad, la verdad que su corazón seguía susurrándole “Ulises llegará”.
Durante todos los años de espera Penélope le preguntaba a cada viajero que llegaba a su reino si sabía algo de Ulises. Así, con cada “viajero” que se acerca a nuestro corazón, nos preguntamos qué traerá de Ulises. ¿Será él? ¿Está cerca?
Así transcurren los años y un día llega al reino un mendigo, alguien que en nada se parece a ese Ulises que anhelamos y volvemos a preguntarle, no a él, sino a nuestro corazón ¿qué sabes de Ulises?
Penélope siente que no le queda mucho tiempo, que no puede esconderse mucho más en su sueño, que deberá elegir un pretendiente entre todos los que habitan su reino. La consigna es la siguiente: aquel que logre tensar el arco de Ulises, se casará con ella.
La fuerza del arco representa la intención y, sólo aquel cuya intención sea la precisa, la que se adecúa a la representación de nuestro “Ulises” interior, será el elegido.
Por supuesto que todos los pretendientes se quedan a mitad de camino y sólo uno consigue tensar el arco. Mientras todos los pretendientes fanfarronean, uno sólo se mantiene sereno tensando el arco sin detenerse.
Aun así Penélope desconfía, han sido muchos años de ilusiones vanas, demasiados años esperando la llegada de Ulises para sólo encontrarse con impostores deseosos de hacerse con su reino sin las intenciones adecuadas. No es fría, sólo es prudente y fiel a sí misma.
Entonces decide tenderle una trampa al supuesto Ulises y probarlo. Si realmente es él, conocerá el secreto escondido en su lecho, ese que nadie más sabe. Y el lecho aquí representa, sin duda, sus anhelos más íntimos. Así que si ese ser, que dice ser Ulises, sabe cómo llegar a su intimidad, sabe cómo acceder al rostro todos ocultamos y también Penélope, si sabe reconocer su otra naturaleza, entonces ya no habrá dudas ¡Ulises habrá llegado!
Ella dice que no dormirá con él y que la cama de Ulises será trasladada para cobijar al recién llegado. La particularidad del lecho es que ha sido construido sobre un pilar de olivo. El olivo es el fruto de la pasión y sólo el verdadero Ulises sabe que ese es uno de los pilares fundamentales del lecho de la pareja. Sólo Ulises y Penélope saben dónde se halla la pasión en el lecho que ambos compartirán. 
Cuando el verdadero Ulises se descubre ante Penélope, el tiempo se detiene, porque eso sólo lo consigue un Amor auténtico.

Como Ulises, el amor a veces llega disfrazado de una cosa diferente a la que esperamos. Observa, ponlo a prueba, no lo des por sentado de entrada. Ten la constancia y la paciencia infinita de Penélope. Nunca dejes de perseguir aquello que anhelas y que tu corazón sabe que existe. Nunca pierdas la fe en eso que crees. Te cortarán los brazos, las piernas, la cabeza, hasta que vuelva a crecer una nueva cabeza para materializar aquello en lo que nunca has dejado de creer, sea lo que sea.
Desteje tus ilusiones cada noche, coloca tus manos sobre tu corazón y dile “lo estamos haciendo muy bien”.