Gabriela Collado

Terapeuta Holística. Maestra Espiritual. Coach en Relaciones. Terapia PNL. Transgeneracional. Biodescodificación. Risoterapia. Reiki Master. Terapia Metamórfica. Registros Akashicos. Tarot Evolutivo. Canalizaciones. Terapias y Talleres Vivenciales (Presenciales y On Line). Conferencista. Seminarios Motivacionales.
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viernes, 3 de noviembre de 2017

Lo que teme una mujer



El otro día escuché en la serie La Caza (Netflix) un diálogo que decía más o menos así:
"Lo que más teme un hombre de una mujer es que se ría de él. En cambio, lo que más teme una mujer de un hombre es que la mate."
Aunque no es nuevo me impactó porque ofrece una imagen muy certera de lo diferente que es caminar por la vida, en esta sociedad, como hombre o como mujer.
La mayoría de las mujeres no saben lo que es no tener miedo y la mayoría de los hombres no saben lo que es tenerlo, a caminar sin prejuicios, a moverse con libertad, a expresarse como son.
Hay mujeres valientes, muchas y hombres con miedo, un montón. Sólo voy a lo más simple, el modo de andar por la vida que, sólo por nacer de uno u otro sexo, se hace diferente. No es igual educar a un hijo que a una hija. No sé mira igual en las profesiones, en las instituciones, a un hombre que a una mujer. Sabemos que no hay igualdad, sin embargo hoy he querido centrarme en algo más simple pero, tal vez, más profundo, algo como caminar por la calle a cualquier hora, algo como vestir como nos da la gana o amar y relacionarnos como queramos. No solemos pararnos a mirar esto, incluídas las mujeres ya lo "acatamos" como norma y eso también da mucho miedo; lo establecido, lo que no se mira ni se cuestiona, la desigualdad instalada en la conciencia de todos, la que hay que romper aunque te llamen bruja y aunque te "mueras" de miedo, literalmente para muchas, en muchas épocas.

¡Buenos días seres y humanos!

⚜️ Maga

miércoles, 25 de diciembre de 2013

La Navidad Celta y Romana

La rueda del año celta


El solsticio de invierno
La Navidad, tal y como la conocemos hoy en día, se basa en la tradición religiosa del nacimiento de Jesús, la visita de los reyes magos y los milagros hechos por Santa Claus (San Nicolás).
Sin embargo, las fiestas navideñas sólo se empezaron a celebrar a partir de la Edad Media, y fueron los papas de aquella época quienes fijaron la fecha en el 25 de diciembre, precisamente para que los fieles prestasen menos atención a las fiestas paganas del solsticio de invierno y más a las celebraciones religiosas. Incluso el típico árbol de navidad tiene un origen celta.

Cosas que ocurren durante el solsticio de invierno
El solsticio de invierno es el día más corto del año. Esto es así porque se trata del momento en que la tierra está más inclinada con respecto al sol, y por ello recibe menos luz.
Este momento era considerado por muchas culturas como inicio del año, y ese es el motivo de las celebraciones.

La tradición celta
En la cultura celta, la festividad del solsticio de invierno recibía el nombre de Yule. El Yule designa el momento en que la rueda del año está en su momento más bajo, preparada para subir de nuevo.
En Escandinavia existía la tradición de celebrar el Yule con bailes y fiestas. También se sacrificaba un cerdo en honor de Frey, dios del amor y la fertilidad, que según la creencia controlaba el tiempo y la lluvia.
Durante la festividad de Yule era tradicional quemar el tronco de Yule, un largo tronco de árbol que iba ardiendo lentamente durante toda la temporada de celebraciones, en honor del nacimiento del nuevo sol. De esa tradición proceden los pasteles en forma de tronco (troncos de chocolate) que hoy en día se comen en Navidades.

El culto a los árboles
Los antiguos celtas creían que el árbol representaba un poder, y que ese poder protegía y ayudaba al árbol. Los bosques sagrados servían como templo a los germanos.
Para los galos, la encina era un árbol sagrado sobre el que los druidas, sacerdotes celtas guardianes de las tradiciones, recogían el muérdago siguiendo un rito sagrado.
Esta tradición, heredada a través de los siglos, sirvió de inspiración para el actual árbol de Navidad.



La antigua Roma
En la antigua Roma, en diciembre se celebraba la Saturnalia, en honor al reinado del dios Saturno sobre Roma en la Edad de Oro. En esa edad, la tierra en Roma producía abundantemente y no había guerras ni discordia.
Durante la Saturnalia se celebraban fiestas durante una semana entera, con comilonas y abundante bebida. A lo largo de esa semana se invertía el orden social: los amos servían a los esclavos, los esclavos se convertían en amos y desempeñaban altos cargos del estado.
Era tradicional intercambiarse regalos hechos en plata, aunque casi cualquier cosa podía servir de regalo para la ocasión.
La fiesta también era una celebración del fin de las tinieblas y el comienzo de un nuevo año. Aquí puedes ver un fragmento de las palabras que la sacerdotisa pronunciaba para el rito de la Saturnalia:
"Esta es la noche del solsticio, la noche más larga del año. Ahora las tinieblas triunfan y aún así todavía queda un poco de luz. La respiración de la naturaleza está suspendida, todo espera, todo duerme. El Rey Oscuro vive en cada pequeña luz. Nosotros esperamos al alba cuando la Gran Madre dará nuevamente a luz al sol, con la promesa de una nueva primavera. Así es el movimiento eterno, donde el tiempo nunca se detiene, en un círculo que lo envuelve todo. Giramos la rueda para sujetar la luz. Llamamos al sol del vientre de la noche. Así sea."
Finalmente, a lo largo de la Edad Media, esa fiesta se fue alargando en el tiempo hasta convertirse en lo que hoy en día conocemos como Carnavales.